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¿Quién soy?

¡¡Hola!! Con estas líneas no pretendo explicarte mi currículum, ya que para eso puedes visitar mi perfil en LinkedIn.  

Lo que realmente quiero, es que tengas una idea de quién soy y de lo que me mueve en esta vida. Las personas somos mucho más que nuestros estudios y experiencias laborales. Así que si de verdad quieres saber quién soy, te invito a seguir leyendo. Podrás comprobar, que no he sido muy escueta ;D

Simplificando podría decir que soy Gemma Ventura, nacida en Barcelona en la generación de los 80. 

Aunque reconozco que de niña me daba un poco de rabia, ya que me gusta mi nombre, siempre me han acabado llamando la Ventura. Así que, ya que no he podido con ello, ¡he decidido darle la vuelta!


Tengo dos maravillosas hijas Abril y May, que son mi primavera particular. Soy amante de la naturaleza y me encanta perderme por la montaña a caminar, runnear, olfatear y tocar. ¿Tocar? si, si tocar. Lo toco todo, soy de tocar, abrazar y achuchar.

No puedo escoger que me gusta más, si el mar o la montaña, ya que hacer el lagarto en una calita también me fascina. He de reconocer que me gustan mis momentos de soledad y paz, pero soy un animal social, necesito a la gente como el aire que respiro. ¿Contradictoria? Mmmmm...Puede, pero sólo a veces. La verdad, que para estas cosas  le echo la culpa a las posiciones planetarias en el momento de mi nacimiento ya que soy géminis :)  y así me quedo tan ancha.

Pero quién soy. ¿Quién soy? es una de las preguntas más relevantes que toda persona se hace en algún momento de su vida. Para mi, ha sido una pregunta recurrente durante muchos años, con una respuesta para nada fácil, porque implica revelar el propio ser, analizar cuál es nuestro lugar o misión en esta vida, desnudarse emocionalmente y retirar un sin fin de capas a modo de cebolla, resistencias y corazas para alcanzar el alma. Eso que tenemos todos situado en ese territorio privado, donde reside la autenticidad. 

Y aunque todos tenemos nuestras mochilas y he tenido una vida con algunos momentos complicados, para mi fue en un momento en el que toqué fondo, un fondo muy hondo, donde encontré mi verdadero ser.

Durante muchos años me definía profesionalmente como actriz de formación y vocación, pero buscavidas de profesión. Un error de definición que aprendí  más tarde,  ya que siempre seré actriz y comunicadora, independientemente dé lo que me de un sueldo estable. Pero el que conozca un poco el mundo de los artistas o de ser freelance sabe perfectamente lo duro e inestable que puede ser este oficio, y muchas veces acabas por reinventarte o por aplicar tus competencias en otras actividades completamente diferentes. 

Así que, después de años viviendo del ámbito artístico y de creación de eventos y espectáculos, me pasé al mundo empresarial ya que la inestabilidad de este sector era difícil de llevar siendo madre de familia.

Fue entonces, cuando  tuve que  especializarme en  gamificación, ventas, participación de los empleados, tecnología móvil, aprendizaje móvil, capacitación corporativa, e-learning, desarrollo empresarial, marketing research y desarrollo de negocio.

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Pero dentro de mí siempre ha habido un impulso, una fuerza motriz, un sentimiento, un algo que por mucho que busque la palabra, nunca he sabido cómo definir. Ese “algo” es el de intentar hacer a la gente que tengo a mi alrededor un poquito más feliz.

Cuando veo a alguien triste, perdido, encorazado… siento la necesidad de volver a poner en su sitio esa sonrisa invertida. Y cuando lo consigo, aunque sea  momentáneamente y por un instante, dejo de tener ese sin vivir en el pecho para pasar a  tener un orgasmo de felicidad. Y eso es lo que me lleva a intentar buscar sonrisas en todos los rincones del mundo.

Por cómo ha sido hasta ahora la sociedad, poca gente se vuelca en los demás  desinteresadamente. La gran mayoría de personas solo se centra en lo material y son muchos los que ven en los demás solo un trozo de carne. Pero cuando te quedas a vivir en las personas, descubres el porqué de sus corazas, averiguas porque tienen el corazón frágil, tan frágil como aquella bonita vajilla que  solo sacas en los momentos especiales. Y es el sentimiento que antes mencionaba, el que me empuja a averiguar quién es esa persona, qué esconde, por qué actúa como actúa o qué es lo que le produce dolor. 

Mi locura, es que me encanta saber cuántas veces me tengo que poner la nariz de payasa para sacar una sonrisa, cuántos abrazos son necesarios para calmar el dolor, cuántas veces tengo que hundir mis dedos en las costillas de alguien para que suelte una carcajada o cuánta atención necesitan para sentirse únicos y especiales.

Siempre he dicho que dar vida me da vida y es por esta razón que participo en diferentes voluntariados para poder ayudar a otras personas que lo necesitan, mientras que egoístamente me retroalimento de esa magia que tiene la gratitud. Y es aquí donde más realizada me siento, pero lamentablemente de esto no se puede vivir.

Así que, ha sido un gran trabajo de introspección, y años trabajando en sectores totalmente diferentes, los que me han hecho identificar cuál es mi lugar y focalizarme en él. Es este enfoque, el que ha liderado mis últimas formaciones en HRBP (Human Resources Business Partner), Gestión de la Felicidad, Inteligencia emocional y Coaching y así contribuir a un cambio motivacional en las organizaciones, y que se refleje en un éxito empresarial. Ya que creo, en la potencia de la emoción como vehículo de expresión y en el poder de la creatividad como medio publicitario o de creación de marca, pero sobre todo, como herramienta para lidiar con el día a día, ya que el verdadero éxito de un trabajo reside en la actitud demostrada y en una correcta gestión de la felicidad.

Topar con personas que no priorizan la gestión de la felicidad en su organización, ni gestionan a sus equipos aplicando técnicas de inteligencia emocional, me hizo atarme la manta a la cabeza para intentar hacer lo que verdaderamente me llena y me motiva, que es crear momentos de felicidad. 

¿Y dónde pasamos muchos momentos del día? Si tienes de 18 a 66 años y eres de los que no tienes una familia de sangre azul, ni tienes una casita en los Emiratos con un pozo de oro negro, o tampoco tienes la suerte de haber acertado los números de algún boleto premiado,  donde pasarás muuuuchas horas de tu vida, es trabajando. Así que, vamos a pasarlo bien, ¿no?    

Me quedo con un párrafo de la introducción del segundo libro del encantador Victor Küppers (Vivir la vida con sentido) donde dice:

Tenemos que convertir nuestra vida en una obra de arte, que al final de nuestros días, interiormente podamos decir “ole, ole y ole”.  

Yo que siempre les he dicho a mis hijas y a mi marido que el día que me muera no quiero misa, ni un funeral como tal, y lo que quiero es que hagan una fiesta en la que se pongan mis canciones preferidas y que me aplaudan hasta el último momento de mi incineración. Al leer el párrafo  de Victor K. me dije: ¡¡¡SI!!! ¡¡alguien con mi mismo desequilibrio mental!!! ¡Me sentí tan identificada!.

Tengo claro que mi obra sería un musical, pero lo que tengo aún más claro es que al final, el único objetivo que deberíamos tener en esta vida es el de luchar cada día para ser mejores personas y recordar que la felicidad no es una meta, sino un camino a recorrer en el que debemos  trabajar continuamente ya que está en nuestras manos ser felices. 

Y es así, como decido ser la CEO de mi tiempo. Para empezar a vivir mi nueva aventura…

LaVentura de trabajar feliz